"La Sanjuanera", 1998.
Fragmento
2:
" Martina, Cleotilde y Juliana lloraban terriblemente desconsoladas
junto al cadáver aún tibio de su padre Don Julián Camacho Gutiérrez.
Ellas recordaban que minutos atrás su padre les había implorado que lo
llevaran hasta la Oficina del Registro para él encenderla en llamas y
así borrar todo rastro de sus deudas con Don Victorino Vergara.
Don Victorino Vergara hombre avaro y malicioso, venido a estas tierras
en busca de la riqueza fácil y las mujeres hermosas. Amigo de nadie.
Amigo del dinero y del poder. Don Victorino Vergara no es hombre de
perdonar deudas.
Sintiendo unos pasos en el pórtico de la casa, Cleotilde se aproximó a
la ventana: Es él hermanas. Es él que ha venido con la policía para
sacarnos de aquí.
¿Qué terrible suerte les esperará a las hermanas Camacho? ¿Acaso
lograrán conmover el duro corazón de piedra de Don Victorino
Vergara?¿Qué les deparará el destino?
Juliana secó sus lágrimas y se levantó para cubrir con una sábana
blanca el cuerpo de su difunto padre.
Cleotilde con su rostro todavía lleno de lágrimas: ¿Hermanas qué
haremos? Lo hemos perdido todo, todo. Estamos condenadas a vivir
en la miseria.
Y Cleotilde rompió en llanto. Era cierto lo que decía la segunda de las
hijas de Don Julián Camacho Gutiérrez. A pesar de haber sido un hombre
muy hábil para los negocios Don Julián Camacho Gutiérrez no pudo
engañar en una de sus jugarretas a Don Victorino Vergara y lo perdió
todo. "
Enrique
Bustamante Cedeño
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