"Prosa Cuenceptual",
1994.
Fragmento 1:
Usa “y otros” me decía mi maestra (*) . ¿Pero por qué? – preguntaba yo.
Porque “etc” no significa nada. Eso pensaba yo del ensayo “etc” de Octavio Armand. Los que están aquí, que fueron
mis alumnos, lo saben. Cuando lo leíamos (debo confesarlo) yo siempre
les llevaba los libros. En esos libros, yo arranqué (de cada uno) la
página en cuyo centro decía: “etc”. No lo hice por mal. Me costaba
creer que un autor serio hubiera hecho eso. Para mí en
aquel momento eso era inadmisible. Pensaba que era un error de
imprenta. ¿Cómo iba alguien a pretender que tres letras hicieran un
ensayo? ¿Qué hacía con todos mis cajones llenos de definiciones acerca
del ensayo? Era un error, no podía deshacerme de ellas y ya. Dejé que
pasara el tiempo. Ustedes ya conocen mis conflictos. Un día pensé: Pero
“etc” no son sólo tres letras. No me detuve allí
nada más. Para un lector promedio “etc” es un símbolo. Automáticamente
lo asocia con “etcétera”. Luego piensa (rápidamente): ¿Qué es lo que
continúa? Y ya está en la página siguiente, leyendo lo que hay allí. No
pasó nada.
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Para el
lector, que vive como si tratara de demostrar que
“los cuatro puntos cardinales sontres: el Sur y el Norte” ( V.
Huidobro), “etc” no terminaba allí. Sabía que había algo más. ¿Pero
dónde buscarlo? “Etc” se vincula con algo precente a lo que se le
quiere dar continuidad. En la página no hay más nada. Flechas – me
dije. ¿Qué? Flechas que apuntan en todas direcciones . Flechas sobre el
plano de la hoja (donde nada hay que buscar). Flechas que apuntan hacia
las páginas precedentes del mismo libro. Flechas que apuntan hacia las
páginas posteriores del mismo libro. Y una única flecha que apunta
hacia el estimado lector que no podrá eludir su trabajo. Porque “eludir
su trabajo es hacer trampa” (Mallarmé).
Enrique
Bustamante Cedeño
A la memoria
de la rubia Elizabeth Espinoza de Pérez Jones, que murió sin
saber que era la "maestra" de esta historia.
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